lunes, 29 de agosto de 2016

Robin Hood

Cual Robín de los bosques me sentí cuando, tras una de las "visitas" a las que Chazon nos invita a participar, decidí por cuenta propia llenar una maleta de material escolar y algo de ropa y no entregarlo a la familia 'elegida'. Me chirría tanto la organización que no confío ni siquiera en por qué eligen ciertas familias. Así que viendo lo que veo por la calle, nada más salir de la familia 'elegida', saqué mi maleta llena de cosas y en poco más de 2 minutos estaba todo repartido. Es como sentirse Papá Noel, que te rodeen un porrón de críos y con una sonrisa darles el material que con tanto esfuerzo (y peso) he traído con el único objetivo de que alguien lo aproveche y disfrute. Mi sensación en el orfanato es que como vamos tantos 'musungus' y los colmamos de cosas, el aprecio que le hacen al material es entre cero y menos mil. Vamos, que en 30 minutos, lleves lo que lleves está destrozado. Y eso en realidad me da que pensar si es bueno o contraproducente que no haya una gestión del material, que no haya una concienciación a esos chavales de que eso tiene un valor didáctico y que si lo rompen, no podrán tener más. Es bastante indignante el asunto del trato a los juguetes y juegos que les traemos. Desesperante que no dure NADA más de tres días, a lo sumo. Lo curioso es que, como los críos en España, se pirran por la tecnología. Déjales la cámara o el móvil y estas perdido: 'ándrrres, put a game for me', se ha convertido en una frase maldita. Y yo, que no soy muy jugón, lo único que puedo ofrecerles es el dinosaurio del Google Chrome cuando no hay conexión. Y con eso, pueden pasarse horas todos organizados y juntos. Ahí pienso en el 'quizá' valor pedagógico de cierta tecnología y ciertos juegos. Es verdad que atrae y con algo de orientación, la tecnología podría aportarles conocimientos que ahora carecen. Pero lo primero debería ser lo primero: las cosas tienen valor. Y no hay nadie que se encargue de ello, porque como dije, Purity & Maria (las cuidadoras) sólo se preocupan de que los casi 1200 huevos diarios (a 3€ los 36 huevos) estén limpios y preparados para su venta. Y eso, los niños si lo tienen claro. (O les cae una bronca de tres pares de narices.)